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martes, 20 de marzo de 2012

Silencio poesía por José Manuel Ruiz Regil, texto por Claudia López Vargas


Shhhh…
Silencio…
Habría que cuidar el silencio…
Por José Manuel Ruiz Regil

Habría que cuidar el silencio,
que es una especie en peligro de extinción.
Silencio del asombro,
íntimo silencio,
silencio del tumulto y del anonimato.
Formemos brigadas para rescatarlo
de los hoyos negros del ruido,
del eclipse hertziano y satelital,
de la prisa sorda y los horarios en que es inmoral callar.
Cultivemos el silencio de la noche
por encima de los televisores,
y el silencio de la acción,
la sigilosa carrera del tiempo.
Silencio que enronquece la voz,
silencio que crece en las entrañas,
silencio que cuesta hablar,
silencio como una postal tirada en el buzón sin estampilla.
Los muchos problemas y complicaciones que los seres humanos tenemos en la vida, están rodeados por lo general de un entorno de mucho ruido. Como es lógico esto se da principalmente en las ciudades, esa bulla nos acompaña la mayor parte del día entre el ruido de la calle, los medios de comunicación, la familia, el ámbito laboral…
Este torbellino que a diario nos acompaña, por lo general, se minimiza cuando vamos a dormir, pero toda la turbulencia del día ya ha dañado nuestra tranquilidad, la mente sólo busca el alivio, no hay lugar ya para que la conciencia aprecie el valor de un concepto tan importante para el ser humano como lo es el silencio. Ya en la hora del sueño, lo que importa es entrar en ese estado onírico que nos da el descanso al cuerpo y la mente.
El silencio consciente tiene un gran valor, el silencio aplaca nuestros ímpetus, acaba de golpe con discusiones innecesarias, evita que, como bola de nieve, crezcan los conflictos, es muchas veces la solución a verdaderos dramas, toca nuestro interno y acaricia nuestro espíritu. Guardar silencio, aplaca tu ira, te tranquiliza, esclarece tu mente y enfocas con más lucidez la consecuencia de cada uno de tus actos.
El silencio es el elemento fundamental para que la mente analice los problemas y busque la solución a ellos. Es por ello que se puede decir que el silencio es el principio fundamental de la meditación.
De la práctica de ese silencio se puede llegar también a obtener algo fundamental para ser felices: el acceso a nuestro yo interior, allí donde está contenido lo más esencial de nosotros, lo más puro y creativo de nuestro ser. A ese yo superior que muchos llaman "alma" y que sólo se puede llegar a través de esa mente consciente silenciosa dispuesta a atenuar los efectos de la turbulencia cotidiana.

El silencio, además, junto al tiempo, es una excelente cura para las heridas del alma y del corazón. Allí, donde ese sufrimiento parece interminable, el silencio prepara el camino para la reflexión, el análisis inteligente y el enfoque correcto para una vida con paz interior y salud mental.
Si quieres profundizar en el tema, consúltanos. En tu camino hacia el éxito, déjate acompañar por Sombra, Personal Coaching.

viernes, 16 de marzo de 2012

Jugoterapia por Claudia López Vargas


La jugoterapia es la rama de la medicina natural que estudia, investiga y experimenta, la aplicación de jugos de frutas y verduras y las combinaciones de estos como parte de la nutrición humana para el tratamiento de enfermedades y sobre todo para prevenirlas.
Beber fruta es de una de las formas más fáciles y divertidas de obtener una alimentación sana. La fruta nos aporta una gran cantidad de beneficios, no sólo por contener una infinidad de vitaminas y otros nutrientes, sino también, por ser una deliciosa bebida. Tanto si es recién exprimido, recién prensado, concentrado, el jugo de frutas es un excelente elemento a incluir en la dieta ya que sus nutrientes son asimilados en un 95%.
Como resultado de ser asimiladoras de la energía solar y cósmica, los jugos de frutas y verduras fortalecen, revitalizan y depuran ayudando a reconstituir las células, desintoxican y energizan el cuerpo. Las verduras, además de sus componentes vitamínicos y minerales contienen clorofila, la cual tiene grandes propiedades terapéuticas; esta última produce el intercambio entre oxígeno y bióxido de carbono. De acuerdo con el doctor Bernard Jensen, es tal la importancia de los vegetales que sugiere que debemos integrar dentro de esta terapia algunas yerbas curativas, ampliando su utilidad en diversos problemas y padecimientos.
Actualmente, es más sencillo preparar bebidas a base de frutas y verduras en la licuadora o en extractor. Siempre tomando en cuenta las compatibilidades de las frutas y verduras para obtener mejores resultados en nuestras combinaciones.
Una buena nutrición está compuesta por comidas balanceadas, en las que estén presentes los siguientes grupos de alimentos:
ü Vitaminas y minerales.
ü Proteínas.
ü Azucares.
ü Grasas.
ü Carbohidratos.
Las vitaminas y minerales, las encontramos en abundancia en todas las frutas y las verduras. Siempre y cuando estas se encuentren frescas. Entre más cocinado o industrializado esté un alimento está más despojado de sus nutrientes.
Las proteínas, las encontramos en: frijoles, habas, lentejas, alubias, garbanzos, chaya, setas, champiñones, cuitlacoche, derivados del fríjol de soya, etc.
Los azucares, los contienen: el betabel, mango, plátano, ciruela pasa, uvas piloncillo, miel de abeja, miel de caña etc.
Las grasas, están presentes en: avellanas, dátiles, cacahuates, aguacate, almendras, nueces, piñones, aceitunas etc.
Los carbohidratos, los podemos encontrar en: cereales integrales, tortilla de maíz, tortilla de trigo, arroz, avena, trigo, amaranto, pan integral, pan de trigo, plátano, camote, papas etc.
Es muy fácil llevar una buena nutrición sólo tenemos que combinar estos 5 grupos de alimentos y tendremos una alimentación balanceada.
Los Jugos
Es muy importante para la elaboración de jugos, la combinación correcta, de las frutas. Existen tres tipos de frutas:
ü Frutas dulces.
ü Frutas neutras.
ü Frutas ácidas.
Las frutas dulces son: mango, melón, sandia, plátano, higo, tuna, pitaya, mamey, guanábana, zapote.
Las frutas neutras son: papaya, manzana, durazno, jícama, aguacate, pera, y algunos tipos de plátanos.
Las frutas ácidas son: limón, granada, toronja, naranja, mandarina, piña, fresa, uva, ciruela, guayaba, lima, tamarindo.
No se recomienda combinar frutas dulces con frutas ácidas, porque se fermentan y pueden ocasionar, gases, agruras, acidez y mala digestión. Lo mejor es consumir de una sola fruta durante el día, consumir de 2 o más pero de su misma clasificación o combinar frutas dulces con neutras, o neutras con ácidas. En este caso, entre menos combinaciones hagamos es mejor. (nota: el melón y la sandia, se recomienda consumirlos solos).
En México, tenemos una gran tradición de tomar agua de frutas de la estación durante la comida todo el año, lo cual es una forma de absorber este tipo de nutrientes de forma sana, en lugar de sustituirlo por bebidas gaseosas industrializadas que solo provocan problemas de salud.
Es necesario hacer las siguientes consideraciones con el fin de que obtener los mejores resultados de esta terapia: las frutas y las verduras deben estar maduras, frescas, íntegras, naturales y libres de productos químicos.
Si quieres profundizar en el tema, consúltanos. En tu camino hacia el éxito, déjate acompañar por Sombra, Personal Coaching.

miércoles, 14 de marzo de 2012

10 Claves de la Felicidad parte 2 por Claudia López Vargas


Seguimos con el tema de la felicidad, recuerda que es importante ejercerla todos los días la mayor cantidad de veces posible. No esperes a que venga a ti ni la pospongas para un mejor momento, créala, propíciala, vívela hoy.


6- Amistad

Es difícil imaginar una existencia más dura que vivir en las calles de Calcuta, en uno de sus barrios bajos o ejercer allí la prostitución. Pero, a pesar de la miseria, la gente que vive en esas condiciones es más feliz de lo que uno creería.
Diener entrevistó a 83 personas de esos tres grupos y midió su satisfacción con la vida usando una escala en la que un 2 indicaba grado neutro. El promedio general fue de 1.93, no muy alto, pero significativo si se compara con el que obtuvo un grupo testigo de estudiantes de clase media, que fue de 2.43. De los tres grupos los habitantes de los barrios bajos eran los más felices, con un promedio de 2.23, similar al de los estudiantes.
"Creemos que, en parte, la explicación son las relaciones sociales", dice Diener. Los tres grupos del estudio dijeron estar muy satisfechos en aspectos como la familia (2.5) y los amigos (2.4). Dada la importancia que tiene la familia extendida en la cultura de la India, la satisfacción de los habitantes de los barrios bajos, al parecer, se deriva de que están en condiciones de sacar provecho del apoyo social.

7- Matrimonio

Según una revisión de informes de 42 países llevada a cabo por unos investigadores estadounidenses, las personas casadas suelen ser más felices que las solteras. La diferencia es pequeña, pero plantea una duda interesante: ¿el matrimonio lo hace a uno feliz, o simplemente la gente feliz tiene mayor disposición a casarse?
Las dos cosas pueden ser ciertas. En un estudio de 15 años realizado con más de 30,000 alemanes, Diener y sus colegas observaron que la gente feliz tendía más a casarse y a permanecer casada. Sin embargo, cualquiera puede mejorar su estado de ánimo casándose. El efecto comienza alrededor de un año antes de la boda y dura cuando menos otro año. En el caso de muchas personas, su grado de satisfacción vuelve entonces al nivel original, pero al decir de los investigadores, esto no significa que un buen matrimonio no pueda tener un efecto positivo permanente. Asimismo, la gente que al principio es menos feliz suele sentirse más animada con el matrimonio.
Los estudios indican que la unión libre no brinda los mismos beneficios. "Sospecho que a las parejas que viven en unión libre les falta la seguridad que da el acta matrimonial, y por eso no se sienten tan felices", dice Andrew Oswald, "sabemos, por todos los datos con que contamos, que la inseguridad es nociva para los seres humanos".

8- Fé

De las docenas de estudios que se han realizado sobre religión y felicidad, la gran mayoría han encontrado una relación positiva entre ambas. Creer en que existe una vida después de la muerte le da sentido y consuelo a muchas personas, además de paliar el sentimiento de estar solas en el mundo, sobre todo al envejecer, explica Harold Koenig, del Centro Médico de la Universidad Duke. "Esto se hace patente en situaciones difíciles. Las creencias religiosas pueden ser un arma muy poderosa para enfrentar la adversidad".
Además, la religión fomenta la interacción y el apoyo sociales. Sin embargo, Koenig considera que no se trata sólo de recibir. "Los estudios muestran que quienes ayudan a los demás se sienten bien consigo mismos, e incluso viven más", dice. Esto, afirman los investigadores, hace que la práctica religiosa sea una fuente de mayor satisfacción que otras actividades sociales.

9- Caridad

Diversos estudios han encontrado una relación entre la felicidad y el altruismo, pero como ocurre con muchos otros rasgos de conducta, no se sabe con certeza si ser caritativos nos hace sentir bien, o si la gente feliz tiende a ser más generosa.
James Konow, economista de la Universidad Loyola Marymount, en Los Ángeles, trató de determinar la causa y el efecto con un experimento. Pidió a unos estudiantes que contestaran un cuestionario, y hacia el final de la sesión les dio 10 dólares a la mitad y les dijo que podían compartirlos con los que no habían recibido nada. Konow observó que cuanto más felices eran los estudiantes en general, más tendían a compartir el dinero. Sin embargo, haber estado de buen humor el día de la prueba no los hizo más generosos, y los que compartieron el dinero no mostraron un aumento inmediato de felicidad. De hecho, al final estaban un poco menos contentos.
Con todo, los que compartieron el dinero tendían a presentar los rasgos de personalidad de quienes buscan realizarse plenamente; es decir, ser mejores como individuos. Konow cree que un acto aislado de generosidad no aumenta la felicidad de las personas, pero sí los efectos acumulativos de ser generoso.

10- Edad

La vejez quizá no sea tan mala. "Con todos los problemas que acarrea el envejecimiento, ¿cómo es posible que la gente mayor se sienta feliz?", pregunta Laura Carstensen, profesora de psicología de la Universidad Stanford, en California.
En un estudio, la psicóloga les dio radiolocalizadores a 184 personas de entre 19 y 94 años, y se comunicó con ellas cinco veces al día durante una semana; en cada ocasión les pidió que llenaran un cuestionario sobre sus emociones. Los mayores informaron de emociones positivas casi tanto como los jóvenes, pero menos emociones negativas.
¿Por qué los viejos son más felices? Algunos científicos creen que es porque esperan que la vida sea más dura y aprenden a sobrellevarla, o porque son más realistas y sólo se trazan metas que están a su alcance. Pero Carstensen cree que, conforme se le va agotando el tiempo, la gente mayor aprende a concentrarse en lo que la hace feliz y a soslayar lo que no.
"No sólo se dan cuenta de lo que tienen, sino de que no es eterno", dice. "Cuando se tienen 85 años, por ejemplo, despedir con un beso al esposo puede generar una respuesta emocional mucho más compleja que el mismo beso a los 20 años".
Recuerda que nadie puede ser feliz por ti, sólo tú tienes la oportunidad de ver esas pequeñas cosas que te rodean, apreciarlas y ser feliz. La vida está hecha de instantes y momentos, no vivamos postergando nuestra felicidad ni vivamos desplazándola con tal de seguir estando en frustración o enojo continuo con nosotros mismos y con la vida. Aprecia y valora lo que tienes, lucha por conservarlo y deja que la vida te siga obsequiando sonrisas y buenos momentos.
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lunes, 12 de marzo de 2012

10 Claves de la Felicidad parte 1 por Claudia López Vargas




Debemos de creer en ella porque sí está en nuestras manos alcanzarla.

Los hallazgos que realiza la ciencia nos ayudan a vivir mejor. Los investigadores llevan por lo menos 70 años estudiando a la gente feliz y a la que no lo es, y por fin creen haber identificado los factores que determinan esta condición. Aquí te presentamos los 10 principales. Por cierto, los especialistas atribuyen a los genes un 50 por ciento del temperamento, y los demás factores conforman el resto.

1- Riqueza
El dinero contribuye a la felicidad hasta cierto punto, pero cuando uno cuenta con casa, vestido y sustento va perdiendo importancia. Los científicos han observado que, en general, la gente más rica es más feliz; sin embargo, la relación entre dinero y felicidad es compleja. En los últimos 50 años, el ingreso promedio aumentó mucho en los países industrializados, no así los niveles de felicidad. Al parecer, una vez satisfechas las necesidades básicas, él dinero proporciona más dicha sólo si uno tiene más que los amigos, los vecinos y los colegas.
"El dinero compra estatus, y éste hace que la gente se sienta mejor", dice Andrew Oswald, economista de la Universidad de Warwick, en Coventry, Inglaterra. Esto explica por qué algunas personas que buscan estatus en otra forma (científicos y actores, por ejemplo) aceptan de buena gana empleos no muy bien pagados.

2- Ambición
¿Cuántas cosas necesita uno tener para ser feliz? En los años 80, el profesor canadiense Alex Michalos pidió a 18,000 estudiantes universitarios de 39 países que midieran su felicidad en una escala numérica e indicaran cuán cerca estaban de poseer todo lo que querían. Aquellos cuyas aspiraciones - no sólo de dinero, sino de amigos, familia, trabajo, salud, etc.- superaban por mucho lo que ya tenían, tendían a ser menos felices que los que percibían una diferencia menor. El tamaño de la brecha resultó ser un indicador de felicidad unas cinco veces mejor que el monto de los ingresos.
Este, quizá, explique por qué mucha gente no se siente más feliz a medida que va aumentando el sueldo. En vez de satisfacer nuestros deseos, muchos, simplemente, deseamos más. En encuestas realizadas en Estados Unidos por la empresa Roper en los últimos 20 años, se pidió a los participantes hacer una lista de los bienes materiales que consideraban importantes para tener "una buena vida". Los investigadores descubrieron que cuanto más tenía la gente, más larga era la lista. Al parecer, "la buena vida" se mantenía siempre fuera de su alcance.

3- La inteligencia
Aunque se han hecho pocos estudios para averiguar si la gente más lista es más feliz, todo indica que la inteligencia no influye en la dicha. Esto sorprende a primera vista, ya que las personas sesudas suelen ganar más y los ricos tienden a ser más felices.
Algunos investigadores creen que como los inteligentes tienen expectativas más altas, suelen trazarse metas muy ambiciosas. "Al parecer, sacar una puntuación alta en una prueba de inteligencia -lo que implica tener un vocabulario amplio y agilidad mental- no tiene mucho que ver con la capacidad para llevarse bien con los demás", dice de Diener, psicólogo de la Universidad de Illinois, en Urbana Champaign, quien considera que la "inteligencia social" podría ser la clave de la verdadera felicidad.

4- Genética
¿Es innata la felicidad? David Lykken, genetista conductual y profesor de psicología de la Universidad de Minnesota, en Minneapolis, cree que la mitad de nuestra sensación de bienestar depende de lo que estamos viviendo en determinado momento, y la otra mitad de un nivel fijo de felicidad que está determinado genéticamente hasta en un 90 por ciento y al que volvemos después de vivir sucesos dramáticos. "Aunque nuestro nivel fijo de felicidad esté determinado en gran parte por los genes", explica Lykken, "depende de nuestro buen juicio y preparación -o de los de nuestros padres- que se traduzca en alegría o en insatisfacción".
Lykken descubrió que la variación genética representa entre 44 y 55 por ciento de la diferencia entre niveles de felicidad. Ni el ingreso, ni el estado civil, ni la fe, ni la educación representan más de un tres por ciento.
Así pues, de uno depende el situarse por encima o por debajo del nivel fijo de felicidad. Diversos estudios han demostrado que los extrovertidos tienden a ser más felices que la mayoría de la gente, y mucho más que los introvertidos. También hay pruebas de que el buen humor nos hace más sociables. Michael Cunningham, de la Universidad de Louisville, en Kentucky, comprobó que la gente se vuelve más parlanchina y accesible luego de ver una película alegre que si ve una triste. En teoría, incluso alguien que tenga un nivel fijo de felicidad bajo puede mejorar su percepción de la vida.

5- La belleza
El rumor es cierto: la gente bella es más feliz. Cuando de Diener pidió a unas personas que evaluaran su propio aspecto físico, observó un "efecto leve pero positivo del atractivo físico en el bienestar subjetivo".
La explicación quizá sea que la vida es más benévola con los guapos. O tal vez se trate de algo más sutil. Los rostros más atractivos son muy siméticos, y hay pruebas de que la simetría es señal de buenos genes y un sistema inmunitario saludable. Entonces, la gente hermosa quizá sea más feliz porque es más sana.
Usted puede aprovechar el efecto benéfico que la belleza le da a su ego aunque no tenga un físico envidiable; sólo tiene que estar convencido de que luce de maravilla.

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viernes, 9 de marzo de 2012

Ansiedad Tercera Parte por Claudia López Vargas


Tipos de ansiedad
Trastorno de Ansiedad Social: Se caracteriza por una fuerte sensación de temor y nerviosismo en situaciones sociales o cuando la persona se cree el centro de atención. Tendencia a evadirse de situaciones sociales. Sonrojo, sudoración, latidos violentos, voz temblorosa, temblores motores, náuseas, diarrea.
Trastorno de Pánico: Sensación súbita de miedo y temor intenso que sucede sin causa aparente. Es el conocido “ataque de pánico”. Latidos violentos, dolor de pecho, sensación de falta de aliento , sensación de mareo, cosquilleo o adormecimiento, sofocos o escalofríos, náuseas, sensación de asfixia.
Trastorno de ansiedad Generalizada: Sensaciones diarias de mucha preocupación, persistente estado de malestar. Preocupación, ansiedad, dolores de cabeza, sensación de inquietud, sensación de irritabilidad, temblores, problemas para dormir, tensión muscular, facilidad para cansarse, problemas de concentración. Este es un trastorno que suele comenzar en la niñez o en la adolescencia y puede ser difícil de diagnosticar porque sus síntomas físicos lo asemejan a otras enfermedades características de estas etapas.
Trastorno Obsesivo Compulsivo: Pensamientos recurrentes, a menudo perturbadores, que pueden provocar conductas (compulsiones) que aparentemente no se pueden detener ni controlar. Las obsesiones son pensamientos, impulsos o imágenes que se repiten una y otra vez. Con frecuencia ocurren sin ninguna razón. Pueden incluir:
Ø Miedos exagerados (como miedo a ensuciarse o a los microbios).
Ø Dudas persistentes (como preocuparse sin cesar de haber dejado la puerta abierta al salir, la cocina o la estufa encendida, etc.).
Ø Impulsos sexuales que le causan vergüenza.
Las compulsiones son acciones repetitivas encaminadas a calmar la ansiedad producida por las obsesiones, en su mayoría implican realizar de manera exagerada actividades como:
Ø Lavar y limpiar manos, cara u otras partes del cuerpo constantemente.
Ø Vueltas atrás repetitivas para comprobar algo.
Ø Contar, guardar, acomodar (libros, objetos).
Frecuentemente, las personas con TOC sienten mucha vergüenza de buscar ayuda. Pero, sin tratamiento, el trastorno puede afectar su vida laboral, social y familiar y, con el tiempo, puede llegar a gobernar su vida entera.
Trastorno por estrés postraumático: Recuerdos vívidos y atemorizantes, pesadillas de un evento traumático. Estos eventos dolorosos suelen ser consecuencia de maltrato o abuso infantil, agresiones físicas, violencia de género, accidentes graves, perdidas de seres queridos de forma violenta, etc.
Los desórdenes de ansiedad, sin embargo, son las enfermedades que causan a la gente una sensación de miedo, de pena e inquieto sin ninguna razón evidente. Sin tratamiento, estos desórdenes pueden reducir dramáticamente la productividad y disminuir perceptiblemente la calidad de la vida de un individuo. Afortunadamente, hay tratamientos eficaces que pueden ayudar.
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miércoles, 7 de marzo de 2012

Ansiedad Segunda Parte por Claudia López Vargas


Causas del trastorno de ansiedad
La ansiedad puede presentarse de forma crónica, como un rasgo de personalidad presente durante casi toda la vida del individuo; este es el caso del trastorno de ansiedad generalizada, o en forma de episodios relativamente frecuentes de gran intensidad que constituyen las “crisis de ansiedad”, “crisis de angustia”, o “ataques de pánico”. La diferencia, por tanto, entre el “trastorno de ansiedad generalizada” y el de “angustia o pánico” se basa en que, en el primero, el paciente continuamente se encuentra mal, mientras que en el trastorno de angustia, el sujeto se encuentra perfectamente bien entre las crisis. Además, muchas personas que sufren ataques de pánico, frecuentemente desarrollan un miedo o temor progresivo a que se repitan, apareciendo entonces la llamada “ansiedad de anticipación”. Es decir, la ansiedad se produce antes incluso de que suceda algo que la pueda producir, por eso sabemos que sin anticipación no hay ansiedad.
Algunas personas presentan problemas de ansiedad porque tienen tendencia a reaccionar exageradamente ante las dificultades. Otras se vuelven ansiosas como consecuencia de un acontecimiento especialmente desagradable o que viven como tal. Ocurre, con frecuencia, que la aparición de un problema importante o la acumulación de pequeños problemas es el origen del trastorno. En ocasiones, la ansiedad aparece justo cuando se ha resuelto el problema y, por tanto, cabría esperar que esa persona se encontrase mejor.
Los desórdenes de ansiedad son verdaderos, diagnosticables y tratables. Es una de las enfermedades más comunes del mundo occidental. Podemos hablar de causas primarias y causas secundarias de la ansiedad. En la ansiedad primaria no existe un cuadro de síntomas que justifique el trastorno, la ansiedad es, entonces, una condición en sí misma, es decir, existe una propensión mayor en algunas personas a padecer ansiedad debido a factores de tipo genético y hereditario, que está directamente relacionada con la química de los neurotransmisores del cerebro y que se puede experimentar en varias etapas de la vida. Esta ansiedad, sin embargo, afecta a un número muy reducido de personas. Por el contrario, la ansiedad secundaria la padece un gran número de personas y es causada por un trastorno psicológico o bien por una enfermedad psiquiátrica o física subyacente.
Hay que destacar el estrés como el factor más relevante en la aparición de los trastornos de ansiedad. Así, por ejemplo, un continuo exceso de ruido en nuestro ambiente de trabajo o en nuestra casa es causa de irritabilidad, falta de sueño, inquietud o desasosiego. Los problemas familiares, como fallecimientos o separaciones favorecen la aparición de las crisis de ansiedad. Podemos asegurar, entonces, que el exceso de estrés es un mecanismo de autodestrucción.
Las patologías relacionadas con la ansiedad con frecuencia aparecen tras padecer situaciones de estrés inespecífico, llegando a ser crónicas si las causas de dicho estrés persisten. En las sociedades modernas son factores estresantes muy característicos productores de ansiedad: el miedo a perder el trabajo, a no ser aceptado socialmente, a no cumplir las expectativas impuestas, enfrentarse a exámenes, enfermedades físicas, especialmente las relacionadas con desajustes de hormonas tiroideas y las cardiovasculares, el consumo de sustancias (tabaco, alcohol, drogas). No olvidemos que la ingesta de algunos medicamentos incluyen la aparición de ansiedad entre el listado de sus potenciales efectos secundarios. Como podemos comprobar los modos de desarrollar un trastorno de ansiedad son muy variados. Por esto, es importante reflexionar para descubrir la causa que ha podido producir la ansiedad y poder así hacer frente a los problemas de un modo más eficaz.
Una vez que la ansiedad aparece tiende a mantenerse, incluso cuando las causas aparentes para ello han desaparecido. Esto es debido a que se ha adquirido el hábito de preocuparse, de esperar dificultades y de evitar situaciones difíciles. Se crea así un círculo vicioso: como los síntomas son desagradables, la persona se vuelve más sensible y sufre con anticipación un problema que tal vez ni exista. El cuerpo se ha habituado a estar tenso y a reaccionar con ansiedad en todo tipo de situaciones debido a la preocupación continua de que pueda pasar algo (un ataque cardiaco, pérdida del control…), lo que provoca que los síntomas de ansiedad se agudicen. Y así vuelta a empezar.
Consecuencias del trastorno de ansiedad
La ansiedad no produce lesiones en el corazón ni arroja a las personas a la locura. Sin embargo, la ansiedad sí puede generar sentimientos de infelicidad, depresión, alteraciones del sueño, deterioro de las relaciones familiares, consumo de sustancias tóxicas, entre otros desajustes psicológicos. Por ello es muy importante aprender a controlarla. Lo primero de todo es impedir que el trastorno de ansiedad siga creciendo y ocupando más espacio en la vida de la persona y provocando cambios bruscos de humor.
Si quieres profundizar en el tema, consúltanos. En tu camino hacia el éxito, déjate acompañar por Sombra, Personal Coaching.

martes, 6 de marzo de 2012

One-Moment Meditation: "How to Meditate in a Moment"



Hacia la conquista del instante. Este video explica, de manera amable y práctica, la gimnasia meditativa que te entrena para convertir un minuto perdido en un instante de conciencia. Pruébalo. Desde que aprendí a hacerlo, dejé de perder el tiempo en las filas de los bancos.