Páginas

viernes, 30 de marzo de 2012

Psicología del Amor por Claudia López Vargas


El amor es uno de los más hermosos sentimientos que el ser humano puede albergar, pero la ciencia tiene mucho que decir de cómo y porqué nos enamoramos. En estas últimas décadas se han realizado diversos estudios sobre “la psicología del amor” y se asegura que el amor está motivado por una necesidad fisiológica y este impulso puede originar reacciones imprevisibles.
Una conocida teoría en psicología es la de Robert Sternberg: “La teoría triangular del amor” que apuesta por tres componentes bien claros dentro de lo que entendemos como amor.
Ø La Confianza: Es el compartir deseos, sueños, ilusiones, confidencias con otra persona y la satisfacción que encontramos en que esa persona nos escuche y atienda.
Ø La pasión: Hay un deseo de estar con la otra persona a nivel sexual, hay atracción y deseo.
Ø Compromiso: Existe la convicción de que la otra persona nos apoyará, nos prestará su ayuda y no nos olvidará.
En combinación con estas tres características principales (intimidad, pasión y compromiso) nos salen 6 clases distintas de amor:
Ø El amor vacio: Cuando es un amor donde sólo hay compromiso, no existe pasión ni existe confianza. Podría ser una pareja que lleva años casada y no rompe su relación por convencionalismos sociales. Viven en la misma casa, duermen en habitaciones separadas y hacen cada uno su propia vida.
Ø El encaprichamiento: Cuando sólo tenemos la pasión, el deseo sexual. Es el llamado amor a primera vista.
Ø El amor fatuo: Este tipo de amor conlleva pasión y compromiso. Es un amor poco realista ya que no se conoce a la otra persona, no existe la confianza. Es un amor más fuerte que un mero encaprichamiento.
Ø El amor romántico: Este amor tiene como componentes a la pasión y a la confianza, pero no existe el compromiso.
Ø El amor sociable: Existe la confianza y el compromiso pero ya no existe la pasión. Es el amor de una pareja que a pesar de que se quiere y tiene confianza ha perdido la pasión.
Ø El amor completo: Es el tipo de amor ideal, une compromiso, pasión, y confianza. Hay que destacar que según las investigaciones el estado de enamoramiento suele decaer entre 6 meses a dos años. Luego, según la Psicología, el amor completo es difícil de mantener y suele derivar hacia los otros tipos de amor.
El amor según los psicólogos Hatfield y Raspson se divide en dos tipos:
Ø Amor compañero: Conlleva un alto grado de compromiso, intimidad y unión. Lo que no existe es la pasión, es el amor por los amigos, familia etc.
Ø Amor pasional: Conlleva intimidad, apego y pasión. Se vive como un sentimiento muy intenso y se asocia al sexo y al romanticismo. Es el que se siente por la pareja.
En este sentido, en la Psicología del Amor existen diversos teóricos pero sin lugar a dudas uno de los imperecederos ha sido Erich Fromm con su excelente obra “El arte de amar”.
Una de sus ideas más interesantes para la Psicología del Amor la constituye su clasificación de los tipos de parejas y los sentimientos que descansan en su base:
Ø El amor infantil que se guía por el principio: \“Amo porque me aman\“.
Ø El amor dependiente que se dirige por la idea: \”Te amo porque te necesito\”.
Ø El amor erótico donde aparentemente existe un deseo de unión completa pero realmente prevalece el enamoramiento fugaz y el deseo sexual.
Ø El amor maduro que descansa sobre ideas del tipo: \”Me aman porque amo\” o \”Te necesito porque te amo\”.
De hecho, la Psicología del Amor reconoce que las relaciones maduras son el objetivo a alcanzar por la pareja, ya que este tipo de relación permite el crecimiento de cada una de las personas como una individualidad y a la misma vez, permite el fortalecimiento de los sentimientos positivos dentro de la pareja.
No obstante, como puede presuponerse, en la Psicología del Amor las relaciones maduras son las más difíciles de lograr ya que demandan un gran compromiso por parte de ambos y un excelente nivel de autoconocimiento que le permita a ambas personas entregarse y confiar en el otro.
Si quieres profundizar en el tema, consúltanos. En tu camino hacia el éxito, déjate acompañar por Sombra, Personal Coaching.

miércoles, 28 de marzo de 2012

Indiferencia por Claudia López Vargas.



¿Cuántas veces hemos sentido indiferencia hacia las cosas, personas o situaciones? Y ¿cuántas más nos ha lastimado la indiferencia de personas queridas hacia nosotros o hacia nuestra problemática? La indiferencia, aunque no lo pareciera, es el inicio de una severa problemática psicológica si no se le pone atención a tiempo, que, no sólo lastima a quien la siente, sino también a quien se le otorga. Es tan seria y tan en serio que puede terminar con relaciones estables, con trabajos, con familias y con vidas.
Así como el desprendimiento saludable, el desasimiento sano y el verdadero desapego son signos de equilibrio mental y emocional, la indiferencia es un error básico de la mente y conduce a la insensibilidad, la anestesia afectiva, la frialdad emocional y el insano despego psíquico. Nada tiene que ver esta indiferencia con ese no-hacer diferencia de los grandes místicos debido a su enriquecedor sentido de unidad que les conduce a conciliar los opuestos y a ver el alienpo supremo en todas las criaturas y circunstancias. La indiferencia, en el sentido en el que utilizamos coloquialmente este término, es una actitud de insensibilidad y puede, intensificada, conducir a la alienación de uno mismo y la paralización de las más hermosas potencias de crecimiento interior y autorrealización. La indiferencia endurece psicológicamente, impide la identificación con las cuitas ajenas, frustra las potencialidades de afecto y compasión, acoraza el yo e invita al aislamiento interior, por mucho que la persona en lo exterior resulte muy sociable o incluso simpática. Hay buen número de personas que impregnan sus relaciones de empatía y encanto y, sin embargo, son totalmente indiferentes en sus sentimientos hacia los demás.

La indiferencia es a menudo una actitud neurótica, auto-defensiva, que atrinchera el yo de la persona por miedo a ser menospreciado, desconsiderado, herido, ser considerado inferíos, puesto en tela de juicio o ignorado. Unas veces la indiferencia va asociada a una actitud de prepotencia o arrogajcia, pero muchas otras es de modestia y humildad. Esta indiferencia puede orientarse hacia las situaciones de cualquier tipo, las personas o incluso uno mismo y puede conducir al cinismo. Hay quienes sólo son indiferentes en la apariencia y se sirven de esa máscara para ocultar, precisamente, su labilidad psíquica; otros, han incorporado esa actitud a su personalidad y la han asumido de tal modo que frustra sus sentimientos de identificación con los demás y los torna insensibles y fríos, ajenos a las necesidades de sus semejantes e incapaces de sostener una relación cálida. También el que se obsesiona demasiado por su ego, sobre todo el ególatra, se torna indiferente a lo demás y los demás, al fijar toda su atención (libido, dirían los psicoanalistas más ortodoxos) en su propio yo excluyendo de la ecuación el “tú” o el “nosotros” ya que su capacidad se centra en sí mismo llevándolo al “yocentrismo”.

Unas veces la indiferencia sirve como «escudo» psíquico y otras para compensar las resquebrajaduras emocionales; cuando esta actitud o modo de ser prevalece, la persona tiene muchas dificultades en la relación humana, aunque también, a la inversa, podría decirse que al tener muchas dificulta`es en la relación humana opta neuróticamente por la indiferencia, lo que irá en grave detrimento de su desarrollo interior, ya que para crecer y que nuestras potencialidades fluyan armónica y naturalmente se requiere sensibilidad, que es la quintaesencia del aprendizaje vital y del buen desenvolvimiento de nuestras potencialidades más elevadas, si bien nunca hay que confundir la sensibilidad con la sensiblería, la pusilanimidad o la susceptibilidad.

Muchas veces la indiferencia sólo es una máscara tras la cual se oculta una persona muy sensible pero que se autodefiende por miedo al dolor o porque no ha visto satisfecha su necesidad de cariño o por muchas causas que la inducen, sea consciente o inconscientemente, a recurrir a esa autodefensa, como otras personas recurren a la de la autoidealización o el perfeccionismo o el afán de demostrar su valía o cualquier otra, en suma, «solución» patológica. En la senda del desarrollo personal, es necesario desenmascarar estas autodefensas y «soluciones» patológicas para que puedan desplegarse las mejores potencialidades anímicas, que de otro modo quedan inhibidas o reprimidas e impiden el proceso de maduración.

Esta autodefensa que es la indiferencia se acrisola ya en la adolescencia, en muchos niños que recurrieron a la misma para su supervivencia psíquica, fuera por unas insanas relaciones con las figuras parentales o por su exceso de vulnerabilidad en la escuela y en el trato con sus compañeros, por complejos, miedos, inseguridades arraigadas o por otras muchas causas a veces no fáciles de hallar. Para ir superando este error básico que es la indiferencia, la persona tiene que abrirse e irse desplegando, aun a riesgo de sufrir, pero asumiendo todo ello como un saludable ejercicio para lograr su plenitud y no seguir mutilando y poniendo en riesgo sus mejores energías anímicas y afectivas.
Si quieres profundizar en el tema, consúltanos. En tu camino hacia el éxito, déjate acompañar por Sombra, Personal Coaching.

jueves, 22 de marzo de 2012

Darse Cuenta por José Manuel Ruiz Regil


Si ponemos atención, la mayoría de las cosas se dan cuando abrimos ese espacio de la realidad para permitirnos ver que todo está conectado. Las oportunidades aparecen, las cosas se recuperan, las perspectivas cambian, y muchas veces basta, solamente, un pequeño respiro para teñir el presente de nuevos matices. Esto es darse cuenta.
Darse cuenta de que uno está allí; de que el otro también, y que juntos hacemos un universo poderoso, vivo, dinámico y cambiante a voluntad. Despidamos aquellas ideas que nos sugieren que las cosas son como son y que así han sido siempre. Enterremos en el baúl del agradecimiento aquellos paradigmas que nos han permitido llegar hasta aquí, para darnos cuenta de que hay más, y nuevas formas de tejer la red del futuro. Abracemos las posibilidades que nos habitan y fecundemos aquellas que nacerán del encuentro con otros seres que también se han dado cuenta.
Darse cuenta es descubrir que donde hay un problema, también hay una oportunidad. Que donde hay una falta, surge un valor (“La presencia de una ausencia” Octavio Paz); que donde hay sombra, la luz tiene cabida. El mensaje nos llega desde la antigüedad: “Conócete a ti mismo”. La filosofía perenne recoge diversas técnicas, ritos y prácticas que a lo largo de la historia de la humanidad han ayudado al individuo a cumplir esta consigna. Mancias, oráculos, rituales, oraciones, cantos, danzas, magia, arte y ciencia conforman la armadura del guerrero del tiempo.
El exacerbado individualismo de los últimos tiempos se justifica al poner en juego los valores personales en el grupo. Estamos entrando a la era de la colaboración; los nombres individuales se vuelven organizaciones, marcas, iniciativas colectivas que aglutinan talentos, experiencias y metodologías para alcanzar objetivos sustentables y sostenibles. El axioma ahora es: “Conoce a tu equipo”.
Nos hemos dado cuenta de que solos es más difícil afrontar los retos que impone la realidad. Y parece que seguimos aferrados al protagonismo, a los super héroes o a los líderes vitalicios. Pero si tomamos distancia, y nos volvemos testigo de nuestros días, veremos que no es así. Que estamos inmersos en un organismo dinámico, donde los roles cambian impredesciblemente, y donde las habilidades y los talentos son intermitentes y complementarios.
Por eso cada vez es más urgente saber con qué contamos, con quién contamos y cuál es la configuración del grupo al que pertenecemos. Y tener la disposición de tomar uno, dos o más roles, de acuerdo al reto que se presenta. La identificación de las habilidades naturales de cada individuo, el desarrollo de las competencias prácticas, y la capacitación constante inter-áreas e intra-grupos es una de las nuevas prácticas que permitirán a las organizaciones del futuro permanecer en el escenario y ser competitivas ante la adversidad del mercado.
Darse cuenta es estar en el presente, mirar con claridad, asumir que lo que hay es lo que ves, y que lo que no ves o no quieres ver puede convertirse en tu principal obstáculo para crecer o el motivo de tu extinción.

martes, 20 de marzo de 2012

Silencio poesía por José Manuel Ruiz Regil, texto por Claudia López Vargas


Shhhh…
Silencio…
Habría que cuidar el silencio…
Por José Manuel Ruiz Regil

Habría que cuidar el silencio,
que es una especie en peligro de extinción.
Silencio del asombro,
íntimo silencio,
silencio del tumulto y del anonimato.
Formemos brigadas para rescatarlo
de los hoyos negros del ruido,
del eclipse hertziano y satelital,
de la prisa sorda y los horarios en que es inmoral callar.
Cultivemos el silencio de la noche
por encima de los televisores,
y el silencio de la acción,
la sigilosa carrera del tiempo.
Silencio que enronquece la voz,
silencio que crece en las entrañas,
silencio que cuesta hablar,
silencio como una postal tirada en el buzón sin estampilla.
Los muchos problemas y complicaciones que los seres humanos tenemos en la vida, están rodeados por lo general de un entorno de mucho ruido. Como es lógico esto se da principalmente en las ciudades, esa bulla nos acompaña la mayor parte del día entre el ruido de la calle, los medios de comunicación, la familia, el ámbito laboral…
Este torbellino que a diario nos acompaña, por lo general, se minimiza cuando vamos a dormir, pero toda la turbulencia del día ya ha dañado nuestra tranquilidad, la mente sólo busca el alivio, no hay lugar ya para que la conciencia aprecie el valor de un concepto tan importante para el ser humano como lo es el silencio. Ya en la hora del sueño, lo que importa es entrar en ese estado onírico que nos da el descanso al cuerpo y la mente.
El silencio consciente tiene un gran valor, el silencio aplaca nuestros ímpetus, acaba de golpe con discusiones innecesarias, evita que, como bola de nieve, crezcan los conflictos, es muchas veces la solución a verdaderos dramas, toca nuestro interno y acaricia nuestro espíritu. Guardar silencio, aplaca tu ira, te tranquiliza, esclarece tu mente y enfocas con más lucidez la consecuencia de cada uno de tus actos.
El silencio es el elemento fundamental para que la mente analice los problemas y busque la solución a ellos. Es por ello que se puede decir que el silencio es el principio fundamental de la meditación.
De la práctica de ese silencio se puede llegar también a obtener algo fundamental para ser felices: el acceso a nuestro yo interior, allí donde está contenido lo más esencial de nosotros, lo más puro y creativo de nuestro ser. A ese yo superior que muchos llaman "alma" y que sólo se puede llegar a través de esa mente consciente silenciosa dispuesta a atenuar los efectos de la turbulencia cotidiana.

El silencio, además, junto al tiempo, es una excelente cura para las heridas del alma y del corazón. Allí, donde ese sufrimiento parece interminable, el silencio prepara el camino para la reflexión, el análisis inteligente y el enfoque correcto para una vida con paz interior y salud mental.
Si quieres profundizar en el tema, consúltanos. En tu camino hacia el éxito, déjate acompañar por Sombra, Personal Coaching.

viernes, 16 de marzo de 2012

Jugoterapia por Claudia López Vargas


La jugoterapia es la rama de la medicina natural que estudia, investiga y experimenta, la aplicación de jugos de frutas y verduras y las combinaciones de estos como parte de la nutrición humana para el tratamiento de enfermedades y sobre todo para prevenirlas.
Beber fruta es de una de las formas más fáciles y divertidas de obtener una alimentación sana. La fruta nos aporta una gran cantidad de beneficios, no sólo por contener una infinidad de vitaminas y otros nutrientes, sino también, por ser una deliciosa bebida. Tanto si es recién exprimido, recién prensado, concentrado, el jugo de frutas es un excelente elemento a incluir en la dieta ya que sus nutrientes son asimilados en un 95%.
Como resultado de ser asimiladoras de la energía solar y cósmica, los jugos de frutas y verduras fortalecen, revitalizan y depuran ayudando a reconstituir las células, desintoxican y energizan el cuerpo. Las verduras, además de sus componentes vitamínicos y minerales contienen clorofila, la cual tiene grandes propiedades terapéuticas; esta última produce el intercambio entre oxígeno y bióxido de carbono. De acuerdo con el doctor Bernard Jensen, es tal la importancia de los vegetales que sugiere que debemos integrar dentro de esta terapia algunas yerbas curativas, ampliando su utilidad en diversos problemas y padecimientos.
Actualmente, es más sencillo preparar bebidas a base de frutas y verduras en la licuadora o en extractor. Siempre tomando en cuenta las compatibilidades de las frutas y verduras para obtener mejores resultados en nuestras combinaciones.
Una buena nutrición está compuesta por comidas balanceadas, en las que estén presentes los siguientes grupos de alimentos:
ü Vitaminas y minerales.
ü Proteínas.
ü Azucares.
ü Grasas.
ü Carbohidratos.
Las vitaminas y minerales, las encontramos en abundancia en todas las frutas y las verduras. Siempre y cuando estas se encuentren frescas. Entre más cocinado o industrializado esté un alimento está más despojado de sus nutrientes.
Las proteínas, las encontramos en: frijoles, habas, lentejas, alubias, garbanzos, chaya, setas, champiñones, cuitlacoche, derivados del fríjol de soya, etc.
Los azucares, los contienen: el betabel, mango, plátano, ciruela pasa, uvas piloncillo, miel de abeja, miel de caña etc.
Las grasas, están presentes en: avellanas, dátiles, cacahuates, aguacate, almendras, nueces, piñones, aceitunas etc.
Los carbohidratos, los podemos encontrar en: cereales integrales, tortilla de maíz, tortilla de trigo, arroz, avena, trigo, amaranto, pan integral, pan de trigo, plátano, camote, papas etc.
Es muy fácil llevar una buena nutrición sólo tenemos que combinar estos 5 grupos de alimentos y tendremos una alimentación balanceada.
Los Jugos
Es muy importante para la elaboración de jugos, la combinación correcta, de las frutas. Existen tres tipos de frutas:
ü Frutas dulces.
ü Frutas neutras.
ü Frutas ácidas.
Las frutas dulces son: mango, melón, sandia, plátano, higo, tuna, pitaya, mamey, guanábana, zapote.
Las frutas neutras son: papaya, manzana, durazno, jícama, aguacate, pera, y algunos tipos de plátanos.
Las frutas ácidas son: limón, granada, toronja, naranja, mandarina, piña, fresa, uva, ciruela, guayaba, lima, tamarindo.
No se recomienda combinar frutas dulces con frutas ácidas, porque se fermentan y pueden ocasionar, gases, agruras, acidez y mala digestión. Lo mejor es consumir de una sola fruta durante el día, consumir de 2 o más pero de su misma clasificación o combinar frutas dulces con neutras, o neutras con ácidas. En este caso, entre menos combinaciones hagamos es mejor. (nota: el melón y la sandia, se recomienda consumirlos solos).
En México, tenemos una gran tradición de tomar agua de frutas de la estación durante la comida todo el año, lo cual es una forma de absorber este tipo de nutrientes de forma sana, en lugar de sustituirlo por bebidas gaseosas industrializadas que solo provocan problemas de salud.
Es necesario hacer las siguientes consideraciones con el fin de que obtener los mejores resultados de esta terapia: las frutas y las verduras deben estar maduras, frescas, íntegras, naturales y libres de productos químicos.
Si quieres profundizar en el tema, consúltanos. En tu camino hacia el éxito, déjate acompañar por Sombra, Personal Coaching.

miércoles, 14 de marzo de 2012

10 Claves de la Felicidad parte 2 por Claudia López Vargas


Seguimos con el tema de la felicidad, recuerda que es importante ejercerla todos los días la mayor cantidad de veces posible. No esperes a que venga a ti ni la pospongas para un mejor momento, créala, propíciala, vívela hoy.


6- Amistad

Es difícil imaginar una existencia más dura que vivir en las calles de Calcuta, en uno de sus barrios bajos o ejercer allí la prostitución. Pero, a pesar de la miseria, la gente que vive en esas condiciones es más feliz de lo que uno creería.
Diener entrevistó a 83 personas de esos tres grupos y midió su satisfacción con la vida usando una escala en la que un 2 indicaba grado neutro. El promedio general fue de 1.93, no muy alto, pero significativo si se compara con el que obtuvo un grupo testigo de estudiantes de clase media, que fue de 2.43. De los tres grupos los habitantes de los barrios bajos eran los más felices, con un promedio de 2.23, similar al de los estudiantes.
"Creemos que, en parte, la explicación son las relaciones sociales", dice Diener. Los tres grupos del estudio dijeron estar muy satisfechos en aspectos como la familia (2.5) y los amigos (2.4). Dada la importancia que tiene la familia extendida en la cultura de la India, la satisfacción de los habitantes de los barrios bajos, al parecer, se deriva de que están en condiciones de sacar provecho del apoyo social.

7- Matrimonio

Según una revisión de informes de 42 países llevada a cabo por unos investigadores estadounidenses, las personas casadas suelen ser más felices que las solteras. La diferencia es pequeña, pero plantea una duda interesante: ¿el matrimonio lo hace a uno feliz, o simplemente la gente feliz tiene mayor disposición a casarse?
Las dos cosas pueden ser ciertas. En un estudio de 15 años realizado con más de 30,000 alemanes, Diener y sus colegas observaron que la gente feliz tendía más a casarse y a permanecer casada. Sin embargo, cualquiera puede mejorar su estado de ánimo casándose. El efecto comienza alrededor de un año antes de la boda y dura cuando menos otro año. En el caso de muchas personas, su grado de satisfacción vuelve entonces al nivel original, pero al decir de los investigadores, esto no significa que un buen matrimonio no pueda tener un efecto positivo permanente. Asimismo, la gente que al principio es menos feliz suele sentirse más animada con el matrimonio.
Los estudios indican que la unión libre no brinda los mismos beneficios. "Sospecho que a las parejas que viven en unión libre les falta la seguridad que da el acta matrimonial, y por eso no se sienten tan felices", dice Andrew Oswald, "sabemos, por todos los datos con que contamos, que la inseguridad es nociva para los seres humanos".

8- Fé

De las docenas de estudios que se han realizado sobre religión y felicidad, la gran mayoría han encontrado una relación positiva entre ambas. Creer en que existe una vida después de la muerte le da sentido y consuelo a muchas personas, además de paliar el sentimiento de estar solas en el mundo, sobre todo al envejecer, explica Harold Koenig, del Centro Médico de la Universidad Duke. "Esto se hace patente en situaciones difíciles. Las creencias religiosas pueden ser un arma muy poderosa para enfrentar la adversidad".
Además, la religión fomenta la interacción y el apoyo sociales. Sin embargo, Koenig considera que no se trata sólo de recibir. "Los estudios muestran que quienes ayudan a los demás se sienten bien consigo mismos, e incluso viven más", dice. Esto, afirman los investigadores, hace que la práctica religiosa sea una fuente de mayor satisfacción que otras actividades sociales.

9- Caridad

Diversos estudios han encontrado una relación entre la felicidad y el altruismo, pero como ocurre con muchos otros rasgos de conducta, no se sabe con certeza si ser caritativos nos hace sentir bien, o si la gente feliz tiende a ser más generosa.
James Konow, economista de la Universidad Loyola Marymount, en Los Ángeles, trató de determinar la causa y el efecto con un experimento. Pidió a unos estudiantes que contestaran un cuestionario, y hacia el final de la sesión les dio 10 dólares a la mitad y les dijo que podían compartirlos con los que no habían recibido nada. Konow observó que cuanto más felices eran los estudiantes en general, más tendían a compartir el dinero. Sin embargo, haber estado de buen humor el día de la prueba no los hizo más generosos, y los que compartieron el dinero no mostraron un aumento inmediato de felicidad. De hecho, al final estaban un poco menos contentos.
Con todo, los que compartieron el dinero tendían a presentar los rasgos de personalidad de quienes buscan realizarse plenamente; es decir, ser mejores como individuos. Konow cree que un acto aislado de generosidad no aumenta la felicidad de las personas, pero sí los efectos acumulativos de ser generoso.

10- Edad

La vejez quizá no sea tan mala. "Con todos los problemas que acarrea el envejecimiento, ¿cómo es posible que la gente mayor se sienta feliz?", pregunta Laura Carstensen, profesora de psicología de la Universidad Stanford, en California.
En un estudio, la psicóloga les dio radiolocalizadores a 184 personas de entre 19 y 94 años, y se comunicó con ellas cinco veces al día durante una semana; en cada ocasión les pidió que llenaran un cuestionario sobre sus emociones. Los mayores informaron de emociones positivas casi tanto como los jóvenes, pero menos emociones negativas.
¿Por qué los viejos son más felices? Algunos científicos creen que es porque esperan que la vida sea más dura y aprenden a sobrellevarla, o porque son más realistas y sólo se trazan metas que están a su alcance. Pero Carstensen cree que, conforme se le va agotando el tiempo, la gente mayor aprende a concentrarse en lo que la hace feliz y a soslayar lo que no.
"No sólo se dan cuenta de lo que tienen, sino de que no es eterno", dice. "Cuando se tienen 85 años, por ejemplo, despedir con un beso al esposo puede generar una respuesta emocional mucho más compleja que el mismo beso a los 20 años".
Recuerda que nadie puede ser feliz por ti, sólo tú tienes la oportunidad de ver esas pequeñas cosas que te rodean, apreciarlas y ser feliz. La vida está hecha de instantes y momentos, no vivamos postergando nuestra felicidad ni vivamos desplazándola con tal de seguir estando en frustración o enojo continuo con nosotros mismos y con la vida. Aprecia y valora lo que tienes, lucha por conservarlo y deja que la vida te siga obsequiando sonrisas y buenos momentos.
Si quieres profundizar en el tema, consúltanos. En tu camino hacia el éxito, déjate acompañar por Sombra, Personal Coaching.

lunes, 12 de marzo de 2012

10 Claves de la Felicidad parte 1 por Claudia López Vargas




Debemos de creer en ella porque sí está en nuestras manos alcanzarla.

Los hallazgos que realiza la ciencia nos ayudan a vivir mejor. Los investigadores llevan por lo menos 70 años estudiando a la gente feliz y a la que no lo es, y por fin creen haber identificado los factores que determinan esta condición. Aquí te presentamos los 10 principales. Por cierto, los especialistas atribuyen a los genes un 50 por ciento del temperamento, y los demás factores conforman el resto.

1- Riqueza
El dinero contribuye a la felicidad hasta cierto punto, pero cuando uno cuenta con casa, vestido y sustento va perdiendo importancia. Los científicos han observado que, en general, la gente más rica es más feliz; sin embargo, la relación entre dinero y felicidad es compleja. En los últimos 50 años, el ingreso promedio aumentó mucho en los países industrializados, no así los niveles de felicidad. Al parecer, una vez satisfechas las necesidades básicas, él dinero proporciona más dicha sólo si uno tiene más que los amigos, los vecinos y los colegas.
"El dinero compra estatus, y éste hace que la gente se sienta mejor", dice Andrew Oswald, economista de la Universidad de Warwick, en Coventry, Inglaterra. Esto explica por qué algunas personas que buscan estatus en otra forma (científicos y actores, por ejemplo) aceptan de buena gana empleos no muy bien pagados.

2- Ambición
¿Cuántas cosas necesita uno tener para ser feliz? En los años 80, el profesor canadiense Alex Michalos pidió a 18,000 estudiantes universitarios de 39 países que midieran su felicidad en una escala numérica e indicaran cuán cerca estaban de poseer todo lo que querían. Aquellos cuyas aspiraciones - no sólo de dinero, sino de amigos, familia, trabajo, salud, etc.- superaban por mucho lo que ya tenían, tendían a ser menos felices que los que percibían una diferencia menor. El tamaño de la brecha resultó ser un indicador de felicidad unas cinco veces mejor que el monto de los ingresos.
Este, quizá, explique por qué mucha gente no se siente más feliz a medida que va aumentando el sueldo. En vez de satisfacer nuestros deseos, muchos, simplemente, deseamos más. En encuestas realizadas en Estados Unidos por la empresa Roper en los últimos 20 años, se pidió a los participantes hacer una lista de los bienes materiales que consideraban importantes para tener "una buena vida". Los investigadores descubrieron que cuanto más tenía la gente, más larga era la lista. Al parecer, "la buena vida" se mantenía siempre fuera de su alcance.

3- La inteligencia
Aunque se han hecho pocos estudios para averiguar si la gente más lista es más feliz, todo indica que la inteligencia no influye en la dicha. Esto sorprende a primera vista, ya que las personas sesudas suelen ganar más y los ricos tienden a ser más felices.
Algunos investigadores creen que como los inteligentes tienen expectativas más altas, suelen trazarse metas muy ambiciosas. "Al parecer, sacar una puntuación alta en una prueba de inteligencia -lo que implica tener un vocabulario amplio y agilidad mental- no tiene mucho que ver con la capacidad para llevarse bien con los demás", dice de Diener, psicólogo de la Universidad de Illinois, en Urbana Champaign, quien considera que la "inteligencia social" podría ser la clave de la verdadera felicidad.

4- Genética
¿Es innata la felicidad? David Lykken, genetista conductual y profesor de psicología de la Universidad de Minnesota, en Minneapolis, cree que la mitad de nuestra sensación de bienestar depende de lo que estamos viviendo en determinado momento, y la otra mitad de un nivel fijo de felicidad que está determinado genéticamente hasta en un 90 por ciento y al que volvemos después de vivir sucesos dramáticos. "Aunque nuestro nivel fijo de felicidad esté determinado en gran parte por los genes", explica Lykken, "depende de nuestro buen juicio y preparación -o de los de nuestros padres- que se traduzca en alegría o en insatisfacción".
Lykken descubrió que la variación genética representa entre 44 y 55 por ciento de la diferencia entre niveles de felicidad. Ni el ingreso, ni el estado civil, ni la fe, ni la educación representan más de un tres por ciento.
Así pues, de uno depende el situarse por encima o por debajo del nivel fijo de felicidad. Diversos estudios han demostrado que los extrovertidos tienden a ser más felices que la mayoría de la gente, y mucho más que los introvertidos. También hay pruebas de que el buen humor nos hace más sociables. Michael Cunningham, de la Universidad de Louisville, en Kentucky, comprobó que la gente se vuelve más parlanchina y accesible luego de ver una película alegre que si ve una triste. En teoría, incluso alguien que tenga un nivel fijo de felicidad bajo puede mejorar su percepción de la vida.

5- La belleza
El rumor es cierto: la gente bella es más feliz. Cuando de Diener pidió a unas personas que evaluaran su propio aspecto físico, observó un "efecto leve pero positivo del atractivo físico en el bienestar subjetivo".
La explicación quizá sea que la vida es más benévola con los guapos. O tal vez se trate de algo más sutil. Los rostros más atractivos son muy siméticos, y hay pruebas de que la simetría es señal de buenos genes y un sistema inmunitario saludable. Entonces, la gente hermosa quizá sea más feliz porque es más sana.
Usted puede aprovechar el efecto benéfico que la belleza le da a su ego aunque no tenga un físico envidiable; sólo tiene que estar convencido de que luce de maravilla.

Si quieres profundizar en el tema, consúltanos. En tu camino hacia el éxito, déjate acompañar por Sombra, Personal Coaching.