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jueves, 31 de mayo de 2012

¡Sonríe! por Claudia López Vargas




Ni ropa a la última moda, ni maquillajes, ni perfumes caros; sonreír y mirar a los ojos son la receta infalible en el cortejo amoroso. Este es el resultado de un ambicioso estudio psicológico dirigido a determinar qué es lo que hace que nos guste más un rostro que otro y hasta qué punto eso influye en nuestras preferencias sexuales.

Y parece que influye… Las conclusiones del estudio, llevado a cabo por científicos de las universidades escocesas de Stirling y Aberdeen, reflejan que es más probable que una persona nos parezca atractiva si sonríe y si nos mira a los ojos. No importa que sea más o menos agraciada. Estos dos factores se llevan la máxima presea cuando de seducción hablamos.

El método del estudio es de una sencillez indiscutible. Se presentaron, inicialmente, a cientos de encuestados las imágenes de dos caras idénticas cuya única diferencia estribaba en la mirada. Una de ellas fija los ojos en la cámara, la otra no. Las preferencias del público se inclinaron, claramente, por la primera imagen.

Ésto, que a primera vista puede parecer lógico, se volvía algo más sorprendente en el segundo hallazgo: si se pregunta cuál de los dos rostros es sexualmente más atractivo, la proporción de quienes eligen el primero se dispara hasta las nubes. Es decir, cuando uno mira fijamente a los ojos de una persona, está tocando, consciente o inconscientemente, una tecla de la atracción sexual.

Según el estudio, esta atracción visual es mayor entre personas de distinto sexo y son los hombres, y no las mujeres, quienes son más conscientes de ella. Lo que demuestran los científicos escoceses es que, en general, sentimos preferencia por una persona que nos mire a los ojos, y que esta preferencia apenas varía si el rostro es hermoso o feo, si está alegre o enfadado.

En este sentido, otra de las conclusiones del estudio, es precisamente que las caras sonrientes nos atraen sexualmente más que las enojadas. “Las personas prefieren caras que le transmitan la impresión de que son importantes”, afirma Claire Conway, una de las autoras del estudio.

La sonrisa es un faro en la obscuridad que guía a los seres humanos en el azaroso camino hacia la conquista, haciendo que el ritual del cortejo sexual tenga mayor dirección y sentido, incrementando así la probabilidad de la correspondencia a lo largo del mismo. “Desde luego, la sonrisa es una señal muy clara que te dice si una persona está interesada en ti o cree que está malgastando su tiempo al hablar contigo, pero el estudio indica también el grado de atractivo que uno encuentra en una persona; depende en parte de hasta qué punto uno crea que va a tener éxito con ella”, asegura Ruth Mace, de la Universidad de Londres.

Más allá del glamour del flirteo más emocionante, hay un objetivo en el estudio científicamente más importante: determinar si nuestras preferencias faciales son fruto o no de la evolución. Según los científicos escoceses, el atractivo sexual de un rostro de mirada fija y sonriente es muy difícil de justificar sin recurrir a Darwin. En ese caso, la sonrisa tendría una función psicosocial muy útil: ayudar a los seres humanos a escoger objetivos “factibles” para sus conquistas y, así, asegurar la continuidad de la especie.

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